¿Estamos Eligiendo Nuestros Viajes o los Está Eligiendo el Algoritmo?

Imagen: alongzo / Shutterstock

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para decidir adónde viajar. Sin embargo, una parte creciente de esas decisiones comienza mucho antes de buscar un vuelo o abrir un mapa: empieza en una pantalla, mientras hacemos scroll. Entre recomendaciones, videos virales y plataformas que aprenden rápidamente lo que capta nuestra atención, surge una pregunta inevitable: ¿estamos descubriendo el mundo o alguien ya está decidiendo qué parte del mundo veremos primero?

Abrimos el teléfono sin intención de planificar un viaje.

Aparece un video de una pequeña ciudad italiana que nunca habíamos considerado visitar. Seguimos deslizando. Días después vemos un hotel en la misma región. Luego, un restaurante. Alguien publica qué hacer allí durante un fin de semana. Guardamos el video.

En algún momento buscamos cuánto cuesta llegar.

Y casi sin darnos cuenta, un destino que semanas atrás no formaba parte de nuestros planes comienza a parecernos imprescindible.

No es casualidad.

La manera en que descubrimos el mundo está cambiando. Durante décadas, nuestras decisiones de viaje estuvieron influenciadas por agencias, guías, revistas, recomendaciones personales y campañas de turismo. Todo eso continúa existiendo, pero ahora comparte espacio con un actor mucho más silencioso: el algoritmo.

El Destino Ahora Nos Encuentra

Antes buscábamos información sobre un lugar que ya nos interesaba. Hoy, con frecuencia, ocurre exactamente lo contrario.

El lugar aparece primero.

El Traveler Value Index 2025 de Expedia Group encontró que el 61 % de los consumidores encuestados utiliza las redes sociales como fuente de inspiración para viajar, frente al 35 % registrado en 2022. Entre los menores de 40 años, la influencia es todavía mayor: el 84 % señaló que las recomendaciones de influencers habían influido en alguna decisión de reserva.

El cambio parece pequeño hasta que pensamos en lo que significa.

Ya no necesitamos saber que queremos viajar a un lugar para comenzar a recibir información sobre él. Las plataformas de recomendación utilizan distintas señales de comportamiento e intereses para decidir qué contenido mostrar a cada usuario. En ese proceso, detenernos frente a un video, buscar algo relacionado o interactuar con determinado contenido puede contribuir a que aparezcan nuevas recomendaciones sobre temas similares.

El algoritmo recoge señales.

Nosotros sentimos curiosidad.

Y entre ambas cosas empieza a construirse una posibilidad.

Del Scroll a la Reservación

Durante mucho tiempo existió cierta distancia entre inspirarnos y comprar.

Podíamos ver una fotografía en una revista, escuchar hablar de un destino o mirar una película y, eventualmente, comenzar a investigar.

Esa distancia se está reduciendo.

En agosto de 2026, una investigación de TUI Musement encontró que el 43 % de los viajeros encuestados había reservado un viaje o una actividad después de ver una publicación o un video viral. Entre millennials la cifra alcanzó el 52 % y entre la generación Z, el 50 %. La misma investigación encontró que TikTok era la principal fuente de inspiración de viaje entre los participantes de la generación Z.

Y las propias plataformas están avanzando todavía más dentro del proceso.

En mayo de 2026, TikTok presentó en Estados Unidos TikTok GO, una experiencia que conecta el descubrimiento de contenido relacionado con viajes con hoteles, restaurantes, atracciones y otras actividades. La plataforma describió su objetivo como una manera de reducir la distancia entre descubrir un lugar y actuar sobre ese descubrimiento.

Inspiración, búsqueda y decisión comienzan a convivir cada vez más cerca.

Eso cambia mucho más que la manera en que reservamos.

Cambia la manera en que deseamos viajar.

Cuando Todos Descubrimos el Mismo Lugar

Turista fotografiando un pretzel frente a la catedral de Colonia
Imagen: frantic00 / Shutterstock

Hay una paradoja en esta nueva capacidad de descubrir el mundo.

Nunca habíamos tenido acceso a tantas recomendaciones diferentes. Sin embargo, millones de personas pueden recibir simultáneamente recomendaciones sorprendentemente similares.

Un café poco conocido aparece en un video.

El video se vuelve viral.

Otros creadores llegan.

Aparecen nuevas publicaciones, listas, itinerarios y recomendaciones.

El lugar que inicialmente parecía un descubrimiento comienza a convertirse en una parada obligatoria.

Algo parecido puede ocurrir con una playa, un mirador, un restaurante, un hotel o incluso una ciudad entera.

Y entonces aparece una palabra que se ha vuelto cada vez más habitual en las conversaciones sobre viajes: overtourism, o saturación turística.

Góndolas y visitantes en un canal de Venecia, Italia, el 2 de agosto de 2012
Venecia, Italia — 2 de agosto de 2012. Imagen: Angyalosi Beata / Shutterstock

El fenómeno no nació con Instagram ni TikTok. Destinos como Venecia, Barcelona y Ámsterdam llevan años debatiendo cómo gestionar enormes concentraciones de visitantes. Pero las redes sociales han añadido algo distinto a la ecuación: velocidad.

Un lugar puede adquirir una visibilidad extraordinaria en muy poco tiempo.

En los Dolomitas italianos, por ejemplo, la popularidad de determinados paisajes en Instagram y TikTok ha coincidido con una presión creciente sobre algunos lugares especialmente fotografiados. En 2026, Reuters documentó preocupaciones relacionadas con congestión, basura, erosión de senderos y el impacto de la afluencia de visitantes sobre comunidades y entornos naturales.

No significa que una publicación viral sea responsable por sí sola de la saturación de un destino. El turismo masivo tiene causas mucho más complejas: vuelos accesibles, alojamiento, infraestructura, promoción turística, temporadas concentradas y cambios en los patrones globales de viaje, entre otras.

Pero las redes pueden acelerar algo que antes tardaba mucho más en ocurrir:

que millones de personas sepan exactamente dónde está el mismo lugar.

La Democratización del Descubrimiento

Viajeros compartiendo comida durante un viaje
Imagen: Rawpixel.com / Shutterstock

Sería demasiado fácil convertir al algoritmo en el villano de esta historia.

Las mismas herramientas capaces de concentrar viajeros también han abierto posibilidades que antes apenas existían.

Un pequeño hotel independiente puede mostrar su propiedad a personas situadas a miles de kilómetros. Un restaurante familiar puede convertirse en razón suficiente para visitar un barrio. Una ciudad fuera de los circuitos turísticos tradicionales puede aparecer ante viajeros que probablemente nunca la habrían encontrado en una guía convencional.

Para pequeños negocios y destinos emergentes, esa visibilidad puede traducirse en clientes, empleos e ingresos.

Y para nosotros, como viajeros, puede significar descubrir lugares que antes quedaban fuera de nuestro campo de visión.

Ahí está una de las grandes contradicciones del viaje contemporáneo.

El algoritmo puede reducir nuestro mundo y ampliarlo al mismo tiempo.

Puede llevar a miles de personas al mismo mirador, pero también puede mostrarnos una región de la que nunca habíamos oído hablar.

Puede repetirnos lo que ya es popular, pero también puede colocar frente a nosotros una pequeña empresa que jamás habría tenido presupuesto para una campaña internacional.

Por eso la conversación no puede reducirse a si las redes sociales son buenas o malas para viajar.

La pregunta es qué hacemos con aquello que nos muestran.

¿De Quién Era la Idea?

La influencia sobre nuestras decisiones de viaje tampoco es nueva.

Una portada de revista podía despertar el deseo de conocer París. Una película podía convertir una playa en objeto de fascinación. Una recomendación de un amigo podía cambiar unas vacaciones completas.

Siempre hemos viajado influenciados por algo.

La diferencia actual está en la precisión, la frecuencia y la escala.

Las plataformas pueden aprender continuamente de nuestro comportamiento y ajustar las recomendaciones que recibimos. Y esa influencia puede acompañarnos durante buena parte del proceso: inspiración, investigación, comparación y, cada vez más, reserva.

Por eso quizá la pregunta del título tenga una respuesta menos sencilla de lo que parece.

No, el algoritmo no decide literalmente nuestras vacaciones.

Nosotros seguimos comprando el boleto, escogiendo las fechas y tomando la decisión final.

Pero entre el momento en que no conocíamos un lugar y aquel en que decidimos visitarlo puede haber ocurrido algo importante.

Lo vimos.

Volvimos a verlo.

Alguien nos explicó por qué debíamos ir.

Después vimos dónde alojarnos.

Qué comer.

Dónde hacer la fotografía.

Qué pedir.

Incluso cuál es “el secreto que nadie conoce”.

Y cuando finalmente decidimos viajar, la idea ya nos resultaba familiar.

Entonces aparece una pregunta incómoda:

¿Queríamos conocer ese lugar antes de verlo tantas veces o empezamos a querer conocerlo precisamente porque lo vimos tantas veces?

Probablemente no siempre podamos saberlo.

El Riesgo de Viajar Todos de la Misma Manera

Existe otra consecuencia menos evidente.

Cuando utilizamos las mismas plataformas, seguimos recomendaciones similares y guardamos los mismos videos, no solamente podemos terminar viajando a los mismos destinos.

Podemos terminar viajando de la misma manera.

La misma cafetería.

La misma mesa.

El mismo mirador.

La misma fotografía.

El mismo itinerario de 48 horas.

Incluso la espontaneidad puede terminar cuidadosamente programada.

Llegamos a una ciudad que nunca habíamos visitado llevando en el teléfono una lista de lugares que otras miles de personas también guardaron.

Eso no convierte la experiencia en falsa. Tampoco significa que debamos evitar un restaurante porque se hizo famoso o dejar de visitar un paisaje porque apareció en TikTok.

Un lugar popular puede ser extraordinario precisamente porque merece serlo.

El riesgo está en otra parte: confundir lo más visible con todo lo que existe.

La ironía es difícil de ignorar.

Disponemos de una cantidad prácticamente infinita de información sobre el mundo y, aun así, podemos terminar concentrándonos en una pequeña selección de lugares que una plataforma considera especialmente capaces de captar nuestra atención.

¿Todavía Podemos Descubrir Algo por Nuestra Cuenta?

Quizá esta sea una de las preguntas más interesantes del viaje actual.

No porque exista una época pasada en la que todos viajábamos de manera completamente espontánea. Nunca fue así.

Siempre hubo guías, recomendaciones, mapas, agencias, libros y personas indicándonos qué merecía la pena conocer.

Lo que ha cambiado es la cantidad de recomendaciones que recibimos y la capacidad de personalizarlas.

Por eso recuperar cierta autonomía no requiere rechazar la tecnología.

Puede comenzar con algo mucho más sencillo.

No detener la búsqueda en aquello que apareció primero.

TikTok puede mostrarnos un restaurante extraordinario.

Perfecto.

Después podemos abrir el mapa y mirar qué existe dos calles más allá.

Instagram puede enseñarnos un pueblo precioso.

Podemos investigar qué otros lugares hay en esa región.

Un video puede convencernos de visitar un destino.

Podemos averiguar cuándo recibe menos visitantes, qué negocios pertenecen a residentes locales o qué parte de la ciudad permanece fuera de los itinerarios más repetidos.

El algoritmo puede iniciar la conversación.

No tiene por qué escribir todo el viaje.

Recuperar la Curiosidad

Viajera consultando un mapa en una ciudad
Imagen: New Africa / Shutterstock

Quizá viajar con intención hoy no consista en desconectarnos del mundo digital.

Consista en utilizarlo sin entregarle completamente nuestra curiosidad.

Guardar el video.

Seguir al creador.

Mirar el hotel.

Leer la recomendación.

Y después continuar buscando.

Abrir un mapa.

Leer un medio local.

Preguntar.

Cambiar una ruta.

Entrar en un lugar que no estaba guardado.

Dejar alguna tarde sin una lista de diez cosas que completar.

Porque hay una diferencia entre utilizar una herramienta para descubrir el mundo y permitir que esa herramienta determine los límites de lo que creemos que merece ser descubierto.

El algoritmo puede ser extraordinariamente bueno mostrándonos aquello que probablemente nos gustará.

Pero viajar conserva una posibilidad que ningún sistema de recomendación debería quitarnos:

encontrar aquello que todavía no sabíamos que estábamos buscando.

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