Sylvia Rexach: La Intimidad que se Hizo Canción

Manos colocando un disco de vinilo en un tocadiscos

Imagen: Pressmaster / Shutterstock

Compositora, intérprete y una de las voces más singulares de la música puertorriqueña, Sylvia Rexach convirtió la sensibilidad en una forma de expresión artística. A 65 años de su muerte, su legado invita a escuchar el bolero más allá de la nostalgia.

Algunas canciones parecen conservar intacta su capacidad de conmovernos, incluso cuando el mundo en el que fueron escritas ha cambiado por completo. No necesitan pertenecer a nuestra generación ni acompañar un recuerdo específico. Basta escucharlas para reconocer una emoción que sigue teniendo sentido.

Eso ocurre con buena parte de la obra de Sylvia Rexach.

Sus composiciones forman parte de la memoria musical puertorriqueña, pero reducirlas a canciones de otra época sería ignorar lo que todavía tienen que decir. En ellas conviven el lenguaje poético, la intensidad emocional y una manera muy personal de interpretar las relaciones humanas.

El 20 de octubre de 2026 se cumplen 65 años de su muerte. La fecha ofrece una oportunidad para regresar a su música, aunque quizá lo más interesante no sea recordar cuánto tiempo ha pasado, sino preguntarnos por qué seguimos encontrando algo propio en sus canciones.

Porque Sylvia Rexach no fue solamente una intérprete de sentimientos. Fue una creadora que encontró en la música una voz distintiva y que construyó una trayectoria mucho más amplia de lo que su imagen romántica suele sugerir.

La Autora Detrás de la Voz

Nacida en Santurce, Sylvia Rexach comenzó a escribir canciones durante su adolescencia. Desde temprano desarrolló una relación con la música que no se limitaba a la interpretación: le interesaba crear, encontrar palabras para sus melodías y construir una expresión propia.

Con el tiempo, su actividad artística se extendió a la radio, el teatro y la escritura.

Trabajó como libretista, participó en programas de entretenimiento, escribió textos publicitarios y colaboró con la prensa. También formó parte de iniciativas relacionadas con la defensa y organización profesional de los autores musicales.

Su trayectoria revela a una mujer que comprendía las distintas posibilidades de la palabra, tanto cuando estaba acompañada por una melodía como cuando debía funcionar por sí sola.

La biografía conservada por la Fundación Nacional para la Cultura Popular permite apreciar esa diversidad de intereses y actividades.

Es importante recordarlo porque, cuando una artista se convierte en símbolo de una sensibilidad particular, existe el riesgo de olvidar la amplitud de su trabajo.

La melancolía presente en algunas de sus canciones no explica por completo a Sylvia Rexach. También hubo iniciativa, humor, disciplina artística y capacidad para desarrollar proyectos en distintos escenarios.

Su legado merece ser contemplado desde esa complejidad.

Una Mujer que Hizo Espacio para Otras Voces

La carrera de Rexach se desarrolló en una época en la que las oportunidades para las mujeres dentro de la industria musical estaban condicionadas por numerosas expectativas sociales y profesionales.

En ese contexto, formar y dirigir una agrupación integrada por mujeres fue una decisión de considerable importancia.

Durante la década de 1940, Sylvia impulsó Las Damiselas, una agrupación que pasó por distintas configuraciones y llevó su repertorio a escenarios y emisoras de Puerto Rico y Nueva York.

No se trataba únicamente de reunir voces femeninas para interpretar canciones. También significaba organizar el trabajo musical, desarrollar una propuesta artística y participar directamente en un ámbito donde las decisiones de composición, dirección y producción solían asociarse principalmente con hombres.

La trayectoria de Las Damiselas y su actividad en la radio y el teatro forma parte de una historia más amplia de mujeres que contribuyeron a transformar la música popular puertorriqueña.

Siempre me ha interesado mirar más allá del reconocimiento que recibe una artista por su talento. También importa preguntarnos qué espacios abrió con su trabajo y qué posibilidades dejó para quienes llegaron después.

En el caso de Sylvia Rexach, esa mirada resulta especialmente necesaria.

Su aportación no estuvo únicamente en las canciones que escribió. También estuvo en su manera de ejercer el oficio y de participar activamente en la vida cultural de su tiempo.

Teclado y partitura sobre un órgano antiguo de madera
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El Bolero como una Forma de Expresión Propia

El bolero ocupa un lugar fundamental en la historia sentimental de América Latina. Surgido en Cuba durante el siglo XIX, encontró nuevas formas de interpretación en distintos países, particularmente en México y el Caribe.

Su desarrollo no fue uniforme. Las influencias musicales, los estilos de acompañamiento y las maneras de cantar fueron cambiando a medida que el género cruzaba fronteras.

En Puerto Rico, compositores como Rafael Hernández y Pedro Flores contribuyeron a consolidar un repertorio que pasó a formar parte de la cultura popular de varias generaciones.

Pero el bolero también abrió posibilidades para una expresión más íntima, cercana a la conversación y al pensamiento personal.

En ese territorio resulta especialmente interesante la obra de Rexach.

El ensayo curatorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña sobre su patrimonio musical sitúa a Sylvia junto a otras creadoras, entre ellas Myrta Silva y Puchi Balseiro, en el desarrollo de una sensibilidad vinculada al filin, una corriente que incorporó elementos del jazz y nuevas formas de intimidad expresiva.

Lo que distingue a estas composiciones no es únicamente su contenido romántico. Es también la manera en que las emociones se articulan musicalmente.

Una melodía puede sugerir incertidumbre. Una pausa puede intensificar una frase. Un cambio armónico puede ofrecer un matiz que las palabras, por sí solas, no alcanzarían.

Esa relación entre música y lenguaje permite que una canción transmita mucho más de lo que cuenta literalmente.

Más Allá del Amor y del Desamor

Entre las composiciones más recordadas de Sylvia Rexach se encuentran Olas y Arenas, Alma Adentro, Di, Corazón y Nave Sin Rumbo.

Aunque el amor y la pérdida ocupan un lugar importante en su repertorio, su universo creativo no se agota en las relaciones románticas.

También escribió desde los afectos familiares, las experiencias personales y las imágenes de la vida cotidiana.

En sus canciones, elementos aparentemente sencillos pueden adquirir una dimensión emocional particular. El mar, la noche o la distancia dejan de funcionar solamente como escenarios y se convierten en recursos para expresar experiencias interiores.

Esa capacidad de crear imágenes es parte de lo que acerca su obra a la poesía.

No hace falta conocer los acontecimientos que inspiraron cada composición para apreciar esa cualidad. Las canciones conservan su fuerza porque permiten que distintas personas encuentren significados diferentes en ellas.

Y quizás ahí radica una de las razones de su permanencia.

Una obra demasiado atada a una circunstancia puede resultar difícil de separar de su origen. La música de Rexach, en cambio, permite reconocer una experiencia humana sin exigir que conozcamos todos sus detalles biográficos.

Escucharla desde esa perspectiva también nos ayuda a evitar una lectura limitada de su vida.

Su obra no debe entenderse solamente a través del sufrimiento. Merece reconocerse como el resultado de decisiones artísticas, sensibilidad musical y una voz creativa cuidadosamente desarrollada.

Micrófono de estilo retro iluminado sobre un fondo oscuro
Imagen: Pressmaster / Shutterstock

La Música que Viaja y Se Transforma

La historia del bolero demuestra que las expresiones culturales no permanecen inmóviles.

Durante décadas, el género ha circulado entre países, generaciones y estilos musicales. Ha cambiado de acompañamiento, de escenario y de público, sin perder su capacidad para comunicar emociones.

En diciembre de 2023, la UNESCO inscribió el bolero como práctica cultural en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, mediante una candidatura conjunta presentada por Cuba y México.

El reconocimiento destaca no solamente las composiciones, sino también las prácticas de interpretación y transmisión que mantienen viva esta tradición.

Conviene hacer una distinción: esa inscripción corresponde a la candidatura binacional de Cuba y México. No significa que toda la historia latinoamericana del bolero quede representada exclusivamente por esos dos países.

Puerto Rico forma parte de su recorrido cultural, al igual que otras comunidades que lo adoptaron y enriquecieron.

La música viaja porque alguien la interpreta, la comparte o decide aprenderla. Una tradición sobrevive no solo cuando se conserva una grabación, sino también cuando otra generación encuentra razones para volver a escucharla.

En ese intercambio, las canciones pueden cambiar de voz sin perder su identidad.

Una Presencia que Continúa

Los homenajes a Sylvia Rexach muestran que su obra sigue encontrando espacios fuera de los archivos musicales.

En marzo de 2022, el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico presentó en Ponce, a través de su programa MAC en el Barrio, el proyecto Serenata Rodante de Sylvia Rexach y sus Amigos.

La propuesta, desarrollada por el artista Lionel Villahermosa junto con otros intérpretes, llevó la música de Rexach a un espacio público mediante una experiencia que combinó interpretación musical, memoria y creación contemporánea.

El homenaje resulta significativo porque permitió establecer una relación entre distintas generaciones y lenguajes artísticos.

La música dejó de ocupar únicamente el lugar de una grabación histórica para convertirse nuevamente en una experiencia compartida.

También existe otra forma de permanencia, quizás menos visible, pero profundamente importante.

En un testimonio publicado por el Archivo Virtual del Instituto de Cultura Puertorriqueña, su hija Sharon Riley Rexach recuerda la amplitud de la vida creativa de su madre y la manera en que sus canciones continúan presentes en la memoria colectiva.

Esa perspectiva añade una dimensión humana a la historia pública de la compositora.

Detrás de la artista existe también una vida familiar, una comunidad de afectos y una memoria que no se limita a los escenarios.

El legado cultural se construye precisamente en ese encuentro: entre los documentos que preservan una trayectoria y las personas que mantienen su significado a través del tiempo.

Escucharla Desde el Presente

Volver a Sylvia Rexach no significa idealizar una época ni considerar que la sensibilidad musical del pasado era necesariamente más auténtica.

Cada generación encuentra maneras diferentes de expresar sus emociones. Cambian los instrumentos, las formas de producción, los escenarios y las palabras.

Lo que permanece es nuestra necesidad de reconocer algo de la experiencia humana en una obra artística.

La música de Rexach ofrece esa posibilidad sin exigir una relación nostálgica con su tiempo.

Podemos escucharla por el valor de sus composiciones, por su manera de trabajar el lenguaje o por el lugar que ocupa en la historia de las mujeres creadoras de Puerto Rico.

También podemos descubrirla por primera vez, sin recuerdos asociados a sus canciones, y encontrar en ellas algo que todavía nos habla.

A 65 años de su muerte, el homenaje más significativo quizás no consista únicamente en repetir que su música permanece viva.

Consiste en seguir acercándonos a ella con curiosidad, reconocer la complejidad de su trayectoria y permitir que sus composiciones encuentren nuevas interpretaciones.

Sylvia Rexach pertenece a la historia cultural puertorriqueña, pero su obra no tiene por qué quedarse encerrada en el pasado.

Todavía merece ser escuchada con atención.

No solamente por lo que representó en su tiempo, sino por todo lo que todavía puede despertar en el nuestro.

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