“The Garden Within”, Pedro Hernandez. Foto: BINOLA.
La exposición estaba en el teatro, pero el arte había comenzado mucho antes de llegar a él.
Desde el lobby del Epicurean Hotel, el camino hacia el teatro transcurre entre obras que ocupan las paredes como parte natural del espacio. No hay que entrar a una galería para encontrarlas. Están allí, acompañando el recorrido, convirtiendo pasillos y rincones del hotel en lugares donde vale la pena detenerse.

Fue precisamente el arte lo que llevó a BINOLA al Epicurean. El hotel celebraba su EPIC Artist Reception, con motivo de la apertura de Surrealism and Whimsy, una exposición colectiva que reunió a artistas y visitantes en el Epicurean Theatre.
Dentro, la recepción tenía la informalidad adecuada para mirar sin prisa: las obras distribuidas alrededor de la sala, los artistas conversando con quienes se acercaban, una mesa de charcutería y panes, y una copa de vino espumoso acompañando el recorrido. Más que observar una exposición desde cierta distancia, la experiencia permitía algo distinto: encontrarse con quienes habían creado lo que estábamos mirando.
El Arte Dejó de Ser Decoración
Para entender cómo el arte llegó a ocupar ese lugar dentro del hotel, conversé con Tyler Sirota, Assistant Engineering Manager & Art Director del Epicurean Hotel.
Cuando Tyler asumió la programación artística, algo cambió.
«Cuando asumí la programación artística, fue entonces cuando adquirió un latido propio».
“When I took over the art programming, that’s when it became a heartbeat itself.”
Los artistas locales comenzaron a llegar al hotel, a ver sus obras expuestas y a regresar acompañados de amigos y familiares. Poco a poco, el espacio fue adquiriendo una identidad cultural vinculada a la comunidad artística de Tampa Bay.
Lo que comenzó dentro del hotel también evolucionó hacia mercados, galerías y exposiciones en distintos lugares de la ciudad. En palabras de Tyler, el programa terminó convirtiéndose en una red de diferentes activaciones artísticas.
Esa evolución también se percibe en las rotaciones de las obras. Las exposiciones permanecen durante varios meses y cada una transforma el ambiente de una manera distinta.
«Cada rotación provoca perspectivas, emociones y características diferentes en las personas».
La selección tampoco funciona como un circuito cerrado. El hotel realiza convocatorias públicas a través de las redes sociales y recibe propuestas de artistas interesados en participar. A partir de ellas, Tyler selecciona y organiza las obras dentro de una visión curatorial que también observa lo que está sucediendo en el mundo del arte.
Surrealism and Whimsy nació de una de esas señales. Una obra de gran formato enviada por un artista ayudó a orientar la conversación hacia el surrealismo y lo fantástico.
La elección encuentra además un contexto particular en Tampa Bay. A pocos kilómetros, en St. Petersburg, el Dalí Museum ha convertido el surrealismo en una referencia reconocible dentro de la vida cultural de la región.
Pero una exposición cambia cuando dejamos de mirar únicamente las obras y conocemos a quienes están detrás de ellas.
Las Obras Adquieren Nombre y Voz
Poco después tuve la oportunidad de conocerlos, y las obras que había estado observando dejaron de ser solamente imágenes en una pared. Detrás de ellas había una voz, una historia y una persona con quien conversar.
Entre ellos estaba Bell De la Vega, artista cubana cuya práctica se mueve entre la pintura y la escultura. Su trabajo se extiende también hacia el diseño y los objetos, transformando incluso piezas de mobiliario en expresiones artísticas.

También conocí a Pedro Hernandez, un artista cuya curiosidad parece formar parte inseparable de su proceso creativo. Tyler lo describe como alguien que continúa estudiando y desarrollando constantemente su forma de hacer arte.
Su interés por los grandes maestros, los libros y figuras como Rembrandt introduce referencias históricas en un lenguaje contemporáneo.
Para Tyler, esa capacidad permite traer la historia al presente y transformarla. Las herramientas y posibilidades disponibles para los artistas de hoy abren, además, nuevas formas de creación.
Don Kobasky y Blake Emory completaban algunos de los encuentros de aquella noche, cada uno desde lenguajes y materiales distintos.

Y precisamente allí aparece otra dimensión del programa: la posibilidad de que una obra no termine simplemente en una pared del hotel.
Tyler espera que quienes visitan las exposiciones puedan sentirse inspirados a incorporar arte nuevo a sus propias casas, apoyar a un artista local y acercarse a la visión de las personas creativas que forman parte de la comunidad.
A veces la reacción es inmediata:
«Necesito tener esto en mi casa».
Y cuando ocurre, explica Tyler, esa reacción tiene fuerza.
La conversación con los artistas también dejó abiertas historias que merecen continuar más allá de aquella noche. Algunas de ellas encontrarán su propio espacio en futuras páginas de BINOLA.
Mientras tanto, la recepción continuaba alrededor de las obras. Las conversaciones, una copa de vino espumoso y la mesa compartida hacían que el recorrido se sintiera menos como una visita formal a una exposición y más como una oportunidad para quedarse un poco más.
Quizás esa sea una de las posibilidades más interesantes del arte cuando abandona los espacios donde tradicionalmente esperamos encontrarlo: aparece en medio de nuestra vida cotidiana y consigue interrumpirla, aunque sea por unos minutos.
Tyler lo resumió de una manera sencilla:
«Hay obras que, simplemente al verlas en persona, pueden transformarnos».
“Some art, just in seeing it in person, is transformative.”
La exposición estaba en el teatro.
Pero el arte había comenzado mucho antes de llegar a él.
Las declaraciones de Tyler Sirota fueron realizadas en inglés y traducidas al español por BINOLA.
